Y si descubriéramos que no entendemos ni siquiera a nuestro propio cuerpo?

Y si descubriéramos que entendemos mal a nuestro propio cuerpo?

En los últimos años, y de manera colectiva, llegamos a un entendimiento: el ego, lejos de ser un enemigo, es una pequeña “membrana”que nos permite independencia del entorno para poder tener una experiencia personal.

Visto así, un ego “sano”, utilizado en su justa medida, viene a ser una herramienta para el ser que mantiene un juego flexible: determina la porción de inmensidad que es un individuo y lo mantiene diferenciado del resto, otorgándole las características que necesita para llevar a cabo su propósito, y a la vez registra la experiencia personal e informa a la totalidad.


Cuando comprendemos este mecanismo el alivio es enorme porque hasta hasta ahora las corrientes esotéricas (o la mala interpretación de las mismas) nos planteaban dos únicas opciones: o defendías el ego o intentabas derribar sus muros.

Claro que la primera opción se consideraba el abandono a todo vicio psicológico.

Pero el segundo se llevaba una porción de energía gigante y además te dabas cuenta de que poniendo tanto foco ahí sólo conseguías aumentarlo.


Alimentar y delimitar un “ego sano”resulta más económico. Conocerlo nos permite ignorarlo cuando se pone molesto o incluso anticiparnos a sus caprichos y reacciones mecánicas,para que no boicoteen las aspiraciones del ser. Aprender a darle su cuota de protagonismo para que después no vaya “dando la nota”, nos deja a disposición un caudal enorme de energía que ahora sí podemos orientar hacia desarrollar la comunicación con “lo abstracto”.


Llegado a este punto uno comienza a sentir la emoción y confianza de entregarse a las corrientes de la vida como si fueran olas: por momentos nos sumergimos bajo la rompiente y en otras nos montamos al pico de la ola.


En cualquiera de los dos casos comprendemos que nuestra pequeña experiencia humana no está aislada de todo lo que la rodea., sino que es parte de ello. Aprendemos a confiar en la vida, nos ocupamos más de validar desde dónde actuamos y entregando el control del devenir de los sucesos a estas corrientes.

Hemos hecho un cambio de paradigma al ser coherentes con un principio: no hay nada en la naturaleza que sea inútil. Por consiguiente el Ego, no puede ser un artefacto inútil de la psique y sino un componente de esta, con una utilidad asignada.Un propósito.


Ahora, siguiendo esta lógica tenemos que dar un salto ahora al plano del cuerpo físico. Por qué seguimos considerando nuestro cuerpo una entidad separada del entorno, una entidad con recursos limitados que en ocasiones es “poseída” por virus o que nos traiciona creando células locas que cambian caprichosamente de comportamiento? Una entidad cuyas células y reservas de energías están condenadas a caducar y agotarse?

No será que en esto también estamos equivocados?

Por un error de mentalidad grupal, consideramos el cuerpo como un circuito cerrado con fecha de caducidad.

Lejos de eso, este organismo de perfección (como todo lo que existe en la naturaleza) vive actualizándose permanentemente y necesita, de manera urgente, que aprendamos los procesos de “vaciado” y “llenado” para poder acercarnos al inmenso potencial vital que disponemos.

Esta simetría en la manera de pensar el cuerpo tal como pensamos ahora nuestro ego nos da la libertad de concebirnos de otra manera.

El cuerpo no esta separado de su entorno. Repito no está separado: es parte de él. De él se nutre y a el alimenta en un intercambio constante.

Al aprender a no limitar la respiración, al liberar de tensión la zona torácica, al usar el movimiento unido a la entrada y salida de aire nos convertimos en lo que nuestro diseño nos tuvo siempre reservado: una máquina de energía ilimitada (o casi).

Dejemos de entender la materia de nuestro cuerpo como solo “un cuerpo”.

La carne, este conglomerado de células, bacterias ,virus, en definitiva estos átomos , estos electrones en constante movimiento no están solos, son parte del medio y el medio es ni más ni menos una red de la que somos parte.

Quizás reinterpretando el movimiento, la salud y la enfermedad seamos capaces de experimentar la vejez de otra manera.

Quien baila iluminando sus propias zonas negras, desbloqueando, llevando consciencia donde solo hay repetición de esquemas heredados, quien juega con la gravedad con la fuerza centrífuga, experimenta estados de vitalidad extrema que solo se entiende si asumimos que no estamos solos, por que no somos solos.



Enero 2018