DOSIFÍCATE, baila más y mejor

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Sabes administrar tu energía en escena?

Lo que te quiero explicar acerca de este tema lo empecé a entender en dos partes.

Una con un SENEGALÉS y otra con un ITALIANO.


Toma 1: Concierto de música africana en Girona. Ocho percusionistas y una bailarina. De las doscientas personas personas del público, 150 estábamos bailando. No. No las conté, no me distraigas con preguntas.

Todos bailábamos con el conocido efecto “subidón”: te sacudes, te sacudes, te vienes arriba y lo explotas todo.

La gente saltaba poseída (si, eso a veces pasa en Girona aunque no lo creas) menos un caballero a mi izquierda que bailaba en versión miniatura( El Senegalés).

Con los movimientos pequeños y los desplazamientos mínimos pero con mucho sentimiento.

Según pasaban las canciones todos los presentes íbamos retirándonos exhaustos y sudados.No podíamos bailar hasta el final del concierto.


Ahí fué cuando me paré a observar.

Lejos de agotarse, el hombre de las miniaturas había conseguido tener más calidad en el movimiento, estaba más concentrado y tenía cuerda para rato.


Como si fuera una Cristobal Colon de estar por casa, descubrí algo que puedes hacer bailando y que titulé en mi cabeza: Movimiento Centrífugo.


Este buen hombre me enseñó sin saberlo que si en vez de exteriorizar el total de tu energía hacia afuera, sacas una parte, digamos el 60% y con el 40% restante haces un “circuito cerrado” es decir una secuencia o un movimiento libre pero que tenga un tono medianamente relajado,y vas alternando: libero a nivel 60%,sigo a nivel 40%.

Entonces te conviertes en algo así como el motor de movimiento perpetuo, pero en versión danza. Puedes bailar horas sin cansarte!


Toma 2: En un un pueblo de Serdegna. Tuve el capricho de bailar en la calle y tras conseguir el permiso de la comuna, me puse el traje y me fui a bailar.

Ese primer día baile dos horas, sin parar más que para agradecer aplausos.

No triunfé, no te creas.

Como no tenía ni idea del oficio nunca había mucha gente mirando. La gente se paraba a mirar y se iba a su antojo sin que yo controlara cuando, por eso nunca se amontonaban y la gorra, como no se enteraban de que existía, estaba casi vacía.


Te imaginas como me sentí al día siguiente?

Rota. Agotada.

Pensé que era completamente insostenible bailar dos horas al día dándolo todo.

“Dándolo todo” Por suerte tuve que reaprender esa frasecita.


A pocas calles de “mi placita”, (bauticemos así a mi zona de trabajo) estaba El Calabrés.

El iba de traje y pintado todo de marrón. Se paraba en una especie de podio y parecía el monumento al oficinista de los años cincuenta.

Se estaba ahí haciendo lo que hacen las estatuas vivientes: NADA


A su alrededor siempre un montón de gente. Su gorra siempre estaba llena.

Me quedé a mirar y a tratar de entender qué cuernos encontraba de interesante la gente mirando a alguien que está quieto


El Calabrés se colocaba en una postura y la llevaba al extremo.

Se concentraba a tal punto que no le podías encontrar el movimiento respiratorio y nunca nunca pestañeaba.

Desde ese lugar de vacío, cuando la gente estaba llegando al punto de la impaciencia entonces ahí hacía un pequeño gesto.

Nunca el recurso fácil, como gritarle a alguien para que se asuste.

Cosas simples que hacían grandes efectos.

Gracias a su alta concentración lograba arrastrar a la gente con él, como si fuera un toque mágico.

Y después si quería, hacía que un gesto cualquiera y el público se emocionaba.


En sus ruedas de público he visto a gente reírse a carcajadas, a niños llorar de miedo, a adolescentes ponerse histéricas(vale, eso último no es muy difícil).


No es justo! Pensé…..yo haciendo shimmies y camellos me canso antes.

Me veía a mi misma arrastrándome cansada con el traje empapado de sudor cada vez que terminaba de trabajar y en cambio él se quedaba fresco como una lechuga.

CONCLUSIÓN


Para poder sobrevivir, ese verano empecé a buscar la manera de dosificarme.

Hacer que mi energía en vez de “durar” vaya creciendo.

Recordé al senegales y su 60/40 y además de usarlo en los conciertos comencé a usarlo frente al público.

Y lo de llegar al extremo de las cosas, pero nunca de mi capacidad física.

No hace falta hacer cinco minutos de shimmies y contracamellos. Te lo juro.

Haces los cinco de shimmies, y de tanto en tanto sueltas un contracamello o un par.

Y basta. No es necesario más.Y te relajas, y disfrutas los movimientos lentos.

Vas convirtiéndote en un motor de movimiento perpetuo, que en vez de agotarse , la energía le va en aumento. No lo des todo. No de una sola vez.


Regula lo que haces para que no se lleve toda tu energía.


Guárdate siempre una parte porque si no lo haces te quedarás vacía . Y porque así de alguna manera comenzarás a manejar el arte de “MITIFICAR” del que te contaré en otra entrada.

Ya ves que cuando se trata de contarte anécdotas me enrollo como una persiana.

Espero que no se te haya hecho muy largo…



Apúntate y descarga tus regalos para bailar y enseñar mejor.







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